Me levanté una noche a rezar con el Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz, el rezo de la vigilia. Él recitó la sura de la Vaca (Corán, 2) y, cada vez que recitaba una aleya de misericordia, se detenía y la suplicaba. Cada vez que recitaba una aleya sobre el castigo, se detenía y se refugiaba de él en Al-lah.
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De Auf Ibn Malik Al-Achyai’, que Al-lah esté complacido con él, que dijo: “Me levanté una noche a rezar con el Mensajero, Al-lah le bendiga y le dé paz, el rezo de la vigilia. Él recitó la sura de la Vaca (Corán, 2) y, cada vez que recitaba una aleya de misericordia, se detenía y la suplicaba. Cada vez que recitaba una aleya sobre el castigo, se detenía y se refugiaba de él en Al-lah”. Dijo: “después, se inclinaba el mismo tiempo que había estado erguido y, mientras se hallaba inclinado en postura de genuflexión, decía: “Alabado sea el Omnipotente, el Todopoderoso, El Glorioso y Magnánimo” (Subhana dhi alyabarut wa almalakut wa alkibriyaa wa al-adhama). Después, se postraba el mismo tiempo que había estado erguido y, mientras se hallaba con la cabeza postrada en el suelo, decía lo mismo. Después se levantaba y recitaba la sura de Al-Imran (Corán, 3), y luego recitaba en orden una sura tras otra.
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