Al-lah me plegó la Tierra, y pude ver su occidente y su oriente. El dominio de mi nación ha de alcanzar tan lejos como los puntos en los que se me plegó la Tierra. Me fueron concedidos dos tesoros: El rojo (el oro) y el blanco (la plata).
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De Zawban, Al-lah esté complacido con él, que el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Al-lah me plegó la Tierra, y pude ver su occidente y su oriente. El dominio de mi nación ha de alcanzar tan lejos como los puntos en los que se me plegó la Tierra. Me fueron concedidos dos tesoros: El rojo (el oro) y el blanco (la plata), y le pedí a mi Señor que no sea vencida mi nación por la hambruna, y que no permita que los dominen enemigos externos, excepto de ellos mismos. Y ciertamente mi Señor me dijo: “¡Muhámmad! Si he decretado algo, esto no será rechazado, pero te concedo que tu nación no muera por hambruna, ni que sean dominados por enemigos externos, excepto por ellos mismos, aunque se congreguen contra ellos de todas partes de la Tierra. Sino que un grupo habrá de vencer a otro, y algún grupo tomará como prisionero a tal otro”. Lo recogió Al-Barqani en su recopilación de hadices verídicos y le añadió: “Temo para mi nación los imames desviados, porque si la espada cae sobre mi nación no habrá de levantarse hasta el Día del Juicio Final. No habrá de acaecer la Hora hasta que grupos de mi nación se unan a los idólatras, e incluso algunos de mi nación adoren a los ídolos. Aparecerán en mi nación treinta mentirosos, todos alegarán ser profetas, pero yo soy el último de los profetas, no hay profeta luego de mí. Siempre existirá un grupo de mi nación victorioso con la verdad, no les afectará quien los traicione, hasta que llegue la decisión final de Al-lah, Glorificado y Exaltado sea”.
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