No se envidien unos a otros, no pujen sobre una mercancía de forma engañosa, no se odien, no se den la espalda y que ninguno perjudique adrede la venta de su hermano. Sean hermanos, ¡oh, siervos de Al-lah!
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Abu Huraira —que Al-lah esté complacido con él— narró que el Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— dijo: «No se envidien unos a otros, no pujen sobre una mercancía de forma engañosa, no se odien, no se den la espalda y que ninguno perjudique adrede la venta de su hermano. Sean hermanos, ¡oh, siervos de Al-lah!. El musulmán es hermano del musulmán: no debe oprimirlo ni abandonarlo ni despreciarlo. La piedad está aquí —y señaló su pecho tres veces—. Basta como mal que una persona desprecie a su hermano musulmán. Todo lo del musulmán es sagrado para otro musulmán: su sangre, sus bienes y su honor».
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El fundamento de la piedad reside en lo que alberga el corazón sobre el saber acerca de Al-lah, el temor y la conciencia de Él. Y esta piedad resulta en la realización de buenas acciones.
La desviación aparente indica una piedad del corazón débil.
Está prohibido perjudicar al musulmán de cualquier forma, ya sea a través de palabras o acciones.
No se considera envidia que un musulmán desee ser como otro sin anhelar que la bendición desaparezca de él. A esto se le llama «ghibta» (emulación), y es algo permitido que motiva a competir en hacer el bien.
El hombre detesta, por naturaleza, que alguien lo supere en alguna virtud. Si desea que esa virtud desaparezca del otro, eso es la envidia reprobable; pero, si lo que desea es competir y alcanzarla también, entonces es emulación permitida o «ghibta».
No se considera que un musulmán esté perjudicando a su hermano musulmán en un trato acordado si advierte al comprador que ha sido gravemente engañado en una determinada transacción; de hecho, esto forma parte del deber de aconsejar honestamente, siempre que su intención sea advertir a su hermano comprador y no perjudicar al vendedor, pues las acciones dependen de las intenciones.
No se considera que un musulmán esté perjudicando a su hermano musulmán en una transacción si el comprador y el vendedor no han llegado a un acuerdo definitivo y aún no se ha fijado el precio.
No se incluye dentro del odio prohibido mencionado en el hadiz el odio por la causa de Al-lah, pues este es obligatorio y constituye uno de los lazos más firmes de la fe.
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