Unas gentes vinieron a ver al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y le pidieron que enviara con ellos algunos hombres para enseñarles el Corán y la Sunna. Envió con ellos setenta hombres de los Ansar (originarios de Yathrib) llamados “los recitadores del Corán”, entre los que se encontraba mi tío materno Haram.
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Narró Anas -Al-lah esté complacido con él-: “Unas gentes vinieron a ver al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y le pidieron que enviara con ellos algunos hombres para enseñarles el Corán y la Sunna. Envió con ellos setenta hombres de los Ansar (originarios de Yathrib) llamados “los recitadores del Corán”, entre los que se encontraba mi tío materno Haram. Hombres que recitaban el Corán, lo estudiaban y lo memorizaban de noche. De días traían agua a las mezquitas y salían a buscar leña para venderla después. Con lo que obtenían alimentaban a los pobres que habían emigrado hasta Medina, los cuales residían bajo un techado en la mezquita del Profeta, y también a los necesitados. Los envío el Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- pero fueron interceptados en su camino por un grupo de hombres que les dio muerte antes de llegar a a su destino. Entonces dijeron: ‘Oh Al-lah, haz que nuestro Mensajero sepa que Te hemos encontrado. De Ti estamos complacidos y Tú de nosotros estás complacido’. Un hombre le propinó una estocada a Haram, el tío materno de Anas, por la espalda con una lanza hasta darle muerte. Antes de morir, Haram dijo: ‘Por el Dios de la Kaaba que he salido victorioso’. El Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- dijo de ellos: ‘Sus hermanos han sido asesinados. Antes de su muerte dijeron: ‘Oh Al-lah, haz que nuestro Mensajero sepa que Te hemos encontrado. De Ti estamos complacidos y Tú de nosotros estás complacido’”.
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